
Desperté en un oscuro túnel, había un silencio horrible, podía sentir los latidos de mi corazón, el olor a sangre, las goteras de las cañerías alrededor por las paredes, luego un chillido, ratas, ratas por doquier, corrían hacia donde no había luz. Sentí que mi corazón se hundía más y más hacia el fondo de mi pecho, pero ¡qué estúpido! Sólo necesito seguir de pie, seguir caminando por los pasajes de este misterioso lugar.
Aunque no lo conocía, sentía una conexión particular con él, la sensación de haber estado aquí antes, o de haberlo visto, ese olor, fétida existencia dentro de la oscuridad, arrastrándose como los animales que le temen a la luz. Extraño el calor del sol, quise buscarle, pero el túnel es más y más oscuro conforme avanzo, los latidos de mi músculo cardiaco son cada vez más agitados, siento dolor, mucho dolor y las imágenes de colores se pasean en la inmensidad del vacío, bailan por delante de mis ojos como burlándose de mí, estoy perdido, es de noche, tengo frío y hambre, pero sé que no existe un hogar más allá de esto, por eso sigo, porque quisiera morir, quisiera ser tragado por este recinto.
¿Sangre?, sí, es sangre, sangre hay en las paredes, las toco y siento esa viscosidad roja entre mis dedos, pero su esencia es familiar ¿será la mía propia?.
Mis pasos no retumban pese a que podría oír el eco en el silencio, hay mucha soledad, pero ¿qué pasa conmigo?, es como si no pesara en esta balanza, no siento que posea una materialidad aquí, más bien soy una sombra, un espectro, un vano recuerdo, memorias, o quizás he muerto, quizás morí y nadie me lo dijo. No, no puede ser posible, porque entonces vería la gloria de Dios convertida en luz al final de mi viaje. Aquí no hay nada más que sombras.
¿No será que voy en dirección al infierno? No, el infierno no existe, el infierno somos nosotros mismos, con nuestra rabia, nuestros rencores, nuestro dolor. Aquella cruz que todos cargan, el infierno somos los mismísimos seres humanos.
Estoy en decadencia, sí, de pronto me arrodillo, los pies me pesan, creo que estoy avanzando aun territorio conocido. Puedo verlo, hay puertas a los lados de todas las paredes del túnel. Una de ellas destacaba por sobre las otras, una de ellas. Se notaba que había luz desde el otro lado, lo veía por el espacio de abajo. Luz, quiero esa luz, es un cálido recuerdo de días vividos, pero días de los cuales quise alejarme, por capricho, por egoísmo, por tontera, por ignorancia o por impulso, quién sabe, mi inconformismo nunca me permitió sentir este resplandor de forma tan cálida como ahora.
Pero ahí estaba la otra puerta, una que poseía un magnetismo irresistible, por mucho que la luz de la otra puerta me hiciera sentir a salvo, esta otra era imposible de no mirar, me hacía dudar. Vi esa puerta como la personificación de lo que mis deseos retorcidos buscaban, había desenfreno, había pasión, estaba esa cuota de descontrol que te hace sentir vivo cuando el mar es una tasa de leche. No percibía buenas vibraciones desde allí, pero entonces ¿por qué existe este rincón en mi mente? ¿no deberíamos los humanos desechar aquello que sabemos que no nos llevará a buen puerto? Lo prohibido se vuelve tentador, queremos romper toda la paz de las cosas que nos hacen sentir bien pero que por capricho deseamos acrecentar y no es que no quiera expandirse, sino que simplemente no se puede más, pero no por ello está en un nivel más bajo. Aún así, aún así esta puerta me atrae como polilla a la supernova de su muerte, cogí la manilla, estaba caliente, hervía, el dolor era insoportable, pero aún así quieres más de ello. Abro la puerta, pero me cuesta abrirla completa, hay luz desde atrás, de donde la puerta de mis recuerdos familiares yacía. Sé que es la mejor opción, pero no sé si realmente lo quiero. Sigo abriendo más y más, lentamente la puerta magnética, mis ojos arden de lo que ven, mi pecho se aprieta como si un ser se abrazara de mis entrañas y no quisiera soltarse. Me asomé un poco para ver, pero no pude seguir adelante, ahí me detuve, algo que parecía que era lo que quería en realidad no era lo que buscaba, sentí desesperación, quise devolverme hasta un lugar en donde estuviera a salvo, quise volver al portal con luz, no sé realmente si sea demasiado tarde, porque la electronegatividad de este otro lugar quiere absorberme. Una voz retumba entonces: “¿Qué hacéis buscando a los vivos entre los muertos?” y entonces, entonces desperté nuevamente en mi cuarto, con la luz del sol clavada en mi cara, donde sí había podido determinar el camino que quería tomar.
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