
"Proyecto Alma"
La noche de aquel 31 de Julio de hace diez años fue tan intensa. Una enorme bola de fuego cubrió todo el laboratorio de las afueras de la ciudad. Fue un experimento de mutación genética por vía de poderosas fuentes de energía. Ninguno de los científicos que trabajaban esa noche sobrevivió, sin embargo, había alguien, o algo, que podía dar fe de lo que ese lugar significaba. Por mucho que las llamas calcinaron computadoras, equipos, documentos, expedientes y un sinfín de otros proyectos, jamás la muerte logró ganarle al experimento Alma.
Alma era el primer ser nacido de una célula completamente intervenida. Era como crear un ser humano a partir de la nada. No obstante, la intensidad de la explosión fue tal que su figura humana se vio distorsionada, involucionando en una criatura más pequeña, curca, de no más de 1,40 mts. Humanoide casi, con su cráneo pronunciado hacia atrás y extremidades algo cortas.
La noche del accidente, Alma, sobrevivió gracias a que su organismo logró adaptarse a la radiación. Se aferró de lo que pudo para sobrevivir, fusionándose con material genético humano de las personas que fenecieron allí. Comenzó entonces a absorber todo lo que consideró importante a su paso. Se hizo de grandes conocimientos al asimilar la base de datos de la computadora central y comenzó a buscar fragmentos entre las ruinas de todo vestigio de información. Soñaba con algún día reconstruir su hogar, porque las ruinas de ese laboratorio no fueron pisadas nunca más por ningún otro ser viviente que no fuera Alma.
Todos en el pueblo comentaban acerca de la existencia del humanoide. Lo habían conseguido divisar algunos, quienes valientemente se acercaban hasta el recinto en busca de alguna historia interesante, todos sin éxito, porque el miedo era tan grande de aproximarse que optaban por huir.
Alma en tanto los miraba con alegría desde adentro. A pesar de no proferir palabra alguna, podía sentir ciertas emociones humanas y, como buen ser social, sentía curiosidad de poder interactuar con otro ser pensante. No obstante jamás cumplió aquel anhelo, porque nadie quería encontrarse con él cara a cara, era sinónimo de peligro, bestia y hasta demonio.
Quedose entonces Alma tan solo, como vacío. A pesar de que nada lo mantenía más concentrado que la recopilación, reagrupación y decodificación de datos, anhelaba compartir imperiosamente sus descubrimientos. Había conseguido desarrollar vacunas para el combate de ciertos antígenos, tenía en proceso otras tantas con el objetivo de curar el cáncer y finalmente lo que más le desvelaba, una dosis que controlaría el virus de la inmunodeficiencia adquirida.
Alma era todo un genio, a partir de los datos que encontraba era capaz de desarrollar tanta tecnología, pero de nada le servía, puesto que jamás un ser humano se acercaría hasta su puerta para poderle escuchar.
Cuando por fin su proyecto más ambicioso estuvo listo, decidió que ya era hora de romper el hielo y aprovechó la excursión de un grupo de adolescentes, quienes se acercaron hasta con cámara de video para adentrarse en los aposentos del “esbirro”.
Se colaron por la puerta trasera, emocionados por todo lo que veían. Restos de la quemazón, maquinaria aparentemente arreglada y alguna que otra en funcionamiento. Había sistema eléctrico funcionando, no al cien por ciento, pero al menos permitía una luminosidad mínima para la habitación.
Bajaron hasta el cuarto subterráneo, mientras leían el cartel de la puerta que les bloqueaba el acceso: “sala de pruebas”.
Haciendo caso a la curiosidad más que al recelo, los chicos entraron al cuarto, encontrándose con todos los proyectos que Alma había conseguido desarrollar de manera autodidacta y no fue, sino hasta que leyeron en el envase, el más sorprendente de todos: “Vacuna VIH”. Uno de los chicos tomó el frasco que contenía una pequeña cantidad de solución acuosa azulada, cuando oyen pasos bajar las escaleras, Alma se apareció, con una expresión desbordantemente alegre, tanto así que su energúmena facción les causó un terror inmenso, dejando caer el frasco de la vacuna.
Alma parecía no estar ni ahí con la rotura de su proyecto más importante, parecía descompensado de euforia por ver a los seres humanos desde tan cerca, quiso correr a saludarlos, pero los chicos salieron volando del laboratorio para nunca más volver.
Alma se sintió tan triste, les suplicaba desde el umbral de la puerta principal que por favor volvieran, pero era demasiado tarde, los chicos corrieron cuesta abajo hasta el pueblo para mostrarles a todos la cinta obtenida.
Pasaron algunos días y Alma cayó en un profundo estado de depresión. No se interesaba por la ciencia, ni por los trabajos pendientes, sólo miraba por la ventana esperando que algún día los chicos volvieran a aparecer por ahí. Se sentía tan solo, y desarrolló por primera vez un concepto de corte emocional: la soledad.
No tardaron muchos días más para que aparecieran camiones, autos, cámaras, periodistas y otro sin fin de personas, el laboratorio estaba rodeado de una caterva de las más diversas gentes. Científicos aseguraban que Alma había hecho el descubrimiento más grande de todos, la cura a una enfermedad irreversible. Irrumpieron con tanta violencia en la morada de Alma que, en lugar de sentirse feliz por recibir atención, se enfadó tanto. No buscaba cualquier compañía, sentía esa intromisión interesada del ser humano que estalló en cólera y mientras rompía una a una sus creaciones, ahuyentaba a todos los invasores.
Cuando irrumpió la brigada especial de contingente militar, Alma se asustó y en su reacción golpeó los generadores de energía eléctrica. Las chispas no tardaron en avivar una bola de fuego tan inmensa como la de hace diez años. Todo el laboratorio se redujo a cenizas esta vez, incluyendo a Alma, quien achicharrado, se derretía pensando en que hay secretos que están mejor en la oscuridad y velo del sigilo, pues la naturaleza humana en esos casos no los logra recibir con la madurez suficiente.
La noche de aquel 31 de Julio de hace diez años fue tan intensa. Una enorme bola de fuego cubrió todo el laboratorio de las afueras de la ciudad. Fue un experimento de mutación genética por vía de poderosas fuentes de energía. Ninguno de los científicos que trabajaban esa noche sobrevivió, sin embargo, había alguien, o algo, que podía dar fe de lo que ese lugar significaba. Por mucho que las llamas calcinaron computadoras, equipos, documentos, expedientes y un sinfín de otros proyectos, jamás la muerte logró ganarle al experimento Alma.
Alma era el primer ser nacido de una célula completamente intervenida. Era como crear un ser humano a partir de la nada. No obstante, la intensidad de la explosión fue tal que su figura humana se vio distorsionada, involucionando en una criatura más pequeña, curca, de no más de 1,40 mts. Humanoide casi, con su cráneo pronunciado hacia atrás y extremidades algo cortas.
La noche del accidente, Alma, sobrevivió gracias a que su organismo logró adaptarse a la radiación. Se aferró de lo que pudo para sobrevivir, fusionándose con material genético humano de las personas que fenecieron allí. Comenzó entonces a absorber todo lo que consideró importante a su paso. Se hizo de grandes conocimientos al asimilar la base de datos de la computadora central y comenzó a buscar fragmentos entre las ruinas de todo vestigio de información. Soñaba con algún día reconstruir su hogar, porque las ruinas de ese laboratorio no fueron pisadas nunca más por ningún otro ser viviente que no fuera Alma.
Todos en el pueblo comentaban acerca de la existencia del humanoide. Lo habían conseguido divisar algunos, quienes valientemente se acercaban hasta el recinto en busca de alguna historia interesante, todos sin éxito, porque el miedo era tan grande de aproximarse que optaban por huir.
Alma en tanto los miraba con alegría desde adentro. A pesar de no proferir palabra alguna, podía sentir ciertas emociones humanas y, como buen ser social, sentía curiosidad de poder interactuar con otro ser pensante. No obstante jamás cumplió aquel anhelo, porque nadie quería encontrarse con él cara a cara, era sinónimo de peligro, bestia y hasta demonio.
Quedose entonces Alma tan solo, como vacío. A pesar de que nada lo mantenía más concentrado que la recopilación, reagrupación y decodificación de datos, anhelaba compartir imperiosamente sus descubrimientos. Había conseguido desarrollar vacunas para el combate de ciertos antígenos, tenía en proceso otras tantas con el objetivo de curar el cáncer y finalmente lo que más le desvelaba, una dosis que controlaría el virus de la inmunodeficiencia adquirida.
Alma era todo un genio, a partir de los datos que encontraba era capaz de desarrollar tanta tecnología, pero de nada le servía, puesto que jamás un ser humano se acercaría hasta su puerta para poderle escuchar.
Cuando por fin su proyecto más ambicioso estuvo listo, decidió que ya era hora de romper el hielo y aprovechó la excursión de un grupo de adolescentes, quienes se acercaron hasta con cámara de video para adentrarse en los aposentos del “esbirro”.
Se colaron por la puerta trasera, emocionados por todo lo que veían. Restos de la quemazón, maquinaria aparentemente arreglada y alguna que otra en funcionamiento. Había sistema eléctrico funcionando, no al cien por ciento, pero al menos permitía una luminosidad mínima para la habitación.
Bajaron hasta el cuarto subterráneo, mientras leían el cartel de la puerta que les bloqueaba el acceso: “sala de pruebas”.
Haciendo caso a la curiosidad más que al recelo, los chicos entraron al cuarto, encontrándose con todos los proyectos que Alma había conseguido desarrollar de manera autodidacta y no fue, sino hasta que leyeron en el envase, el más sorprendente de todos: “Vacuna VIH”. Uno de los chicos tomó el frasco que contenía una pequeña cantidad de solución acuosa azulada, cuando oyen pasos bajar las escaleras, Alma se apareció, con una expresión desbordantemente alegre, tanto así que su energúmena facción les causó un terror inmenso, dejando caer el frasco de la vacuna.
Alma parecía no estar ni ahí con la rotura de su proyecto más importante, parecía descompensado de euforia por ver a los seres humanos desde tan cerca, quiso correr a saludarlos, pero los chicos salieron volando del laboratorio para nunca más volver.
Alma se sintió tan triste, les suplicaba desde el umbral de la puerta principal que por favor volvieran, pero era demasiado tarde, los chicos corrieron cuesta abajo hasta el pueblo para mostrarles a todos la cinta obtenida.
Pasaron algunos días y Alma cayó en un profundo estado de depresión. No se interesaba por la ciencia, ni por los trabajos pendientes, sólo miraba por la ventana esperando que algún día los chicos volvieran a aparecer por ahí. Se sentía tan solo, y desarrolló por primera vez un concepto de corte emocional: la soledad.
No tardaron muchos días más para que aparecieran camiones, autos, cámaras, periodistas y otro sin fin de personas, el laboratorio estaba rodeado de una caterva de las más diversas gentes. Científicos aseguraban que Alma había hecho el descubrimiento más grande de todos, la cura a una enfermedad irreversible. Irrumpieron con tanta violencia en la morada de Alma que, en lugar de sentirse feliz por recibir atención, se enfadó tanto. No buscaba cualquier compañía, sentía esa intromisión interesada del ser humano que estalló en cólera y mientras rompía una a una sus creaciones, ahuyentaba a todos los invasores.
Cuando irrumpió la brigada especial de contingente militar, Alma se asustó y en su reacción golpeó los generadores de energía eléctrica. Las chispas no tardaron en avivar una bola de fuego tan inmensa como la de hace diez años. Todo el laboratorio se redujo a cenizas esta vez, incluyendo a Alma, quien achicharrado, se derretía pensando en que hay secretos que están mejor en la oscuridad y velo del sigilo, pues la naturaleza humana en esos casos no los logra recibir con la madurez suficiente.
Oye que bonito, me gusto muchisimo.
ResponderEliminarun saludo